Richard Boyatzis y Annie McKee definen en su excelente libro titulado “Liderazgo Emocional” (Deusto 2006), el concepto de “Compasión”, de una manera muy distinta a la que el diccionario de la Real Academia Española de la lengua (RAE), nos tiene acostumbrados.
Para la RAE , la compasión es “el sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias”.
Muchos de nosotros confundimos la compasión de sentir pena por alguien con la preocupación respecto a ese alguien sintiéndose solidario.
Para Boyatzis y McKee, la compasión es empatía y afecto en acción. Así, definen la compasión como una entidad de tres componentes:
- Comprensión y empatía hacia los sentimientos y experiencias de los demás.
- Afecto por los demás.
- Disposición para actuar según esos sentimientos de afecto y empatía.
Para Boyatzis y Mckee, la compasión implica el deseo de tender la mano y ayudar a los demás independientemente de que su situación sea de sufrimiento o dolor.
Una persona que experimenta compasión, según Boyatzis y McKee, no supone o espera reciprocidad ni intercambio equitativo. La compasión consiste en entregarse sin egoísmo.
Establecidas estas bases sobre la compasión, la pregunta que me hago es la siguiente: ¿Se puede aplicar la compasión en una sesión de coaching?.
Según Boytazis y Mckee, nuevamente, “……el coaching con compasión, es una mezcla de profunda comprensión de los sueños e ilusiones del/de la coachee, por parte del/de la coach, así como de sus posibilidades reales”.
“…… El/la coach ofrece su apoyo y asesoramiento, comparte sus conocimientos y facilita la integración de su coachee en un proceso que da como resultado un notable desarrollo individual y profesional”.
“…. Así, consagrarse básicamente ayudar al desarrollo de otra persona, no es sino mostrar un alto grado de compasión”.
Resumiendo, y como señala Herminia Ibarra profesora del INSEAD, “…. cuando como coaches nos limitamos a orientar a nuestros coachees, con un propósito específico utilitario ( como es la enseñanza de una habilidad necesaria) rara vez implica auténtica compasión, y es muy probable que no induzca renovación en nuestros coachees”.
